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Rafael Mas, el joven empresario que reinventó su negocio adelantándose a la pandemia

Un joven emprendedor de Ontinyent ha transformado en pocos meses su empresa de maquinaria industrial para diseñar y fabricar 14 nuevas dispositivos para la desinfección de productos y personas que ya funcionan en edificios oficiales, terminales de pasajeros o comercios de Estados Unidos, Sudamérica o Rusia.

En una entrevista con la Agencia EFE, Rafa Mas (31 años) explica cómo desde hace varios meses decidió reorientar la actividad original de su empresa Inaltech, dedicada al diseño y producción de bastidores o cintas transportadoras, a la construcción de nueva maquinaria para combatir la pandemia del coronavirus.

Aunque carece de formación universitaria (únicamente la ESO), Mas ya era encargado de la empresa para la que trabajaba hace 18 años “sin ser hijo del dueño”, como subraya, y una vez cerró aquella firma, hace 10 años, empezó a trabajar para sus antiguos clientes ya como autónomo.

Gracias a toda esa experiencia, Mas ha diseñado, construido y comercializado en más de 25 países un total de 14 máquinas dirigidas a la desinfección de personas, productos o ambientes, dispensadores automáticos de desinfectante, arcos de higienización y control de aforos o maquinaria para la limpieza de los carritos de la compra.

Todo ello bajo el sello de una nueva marca, Disinvirus, que mantiene su sede y prácticamente la totalidad de la producción en Ontinyent (Valencia).

La primera unidad de este último invento, una especie de túnel de lavado para carritos de la compra, se instalará la próxima semana en un supermercado de Galicia y ha suscitado el interés de grandes empresas de distribución, señala Mas.

“Es como una lavado de coches, pero capaz de desinfectar cada carrito en unos 30 segundos y dejarlo seco y listo para su uso. Además, se puede controlar de forma remota y detecta automáticamente qué carro o carros necesitan ser desinfectados”, explica este empresario.

“Se puede instalar tanto en el interior de los supermercados como en los aparcamientos exteriores, y tiene un precio, en función del tamaño y los materiales, de entre 12.000 y 15.000 euros”.

La producción de toda la nueva maquinaria anticovid se realiza de forma íntegra en Ontinyent, “eso es irrenunciable”, insiste Mas, quien ha contratado a 10 personas -hasta alcanzar un total de 50- y requiere la colaboración de otras empresas cercanas para la fabricación.

“Todo se fabrica aquí, salvo lo que va dirigido al mercado ruso, porque el Gobierno de aquel país obliga a que parte del proceso se realice allí, de modo que se envían los kits de montaje y una empresa colaboradora rusa los ensambla”, explica.

Varias compañías nacionales como Sanitas, Mutua Madrileña o Balearia han incorporado los diseños de Mas a sus instalaciones, que también están presentes en comercios, edificios oficiales o terminales de pasajeros de Estados Unidos, Sudamérica o Rusia.

“El presidente Putin pasa cada día por debajo de uno de nuestros arcos de desinfección”, destaca orgulloso este emprendedor valenciano, que comercializa desde pequeñas cajas para la desinfección de gafas (en las ópticas) u otros pequeños objetos con luz ultravioleta, hasta grandes dispositivos para el control de accesos con cámaras térmicas y desinfección por agua ozonizada”.

Todo ello en un contexto en el que la ausencia de ferias u otro tipo de certámenes han impedido la presentación de los nuevos productos, pero en el que el “boca a boca” internacional y la búsqueda de soluciones ha sido determinante.

“Tuvimos la visión de adelantarnos a otros, de desarrollar productos nuevos, y la verdad es que nos están llamando. En apenas tres meses hemos facturado lo mismo que en todo el año pasado. Hemos tenido incluso grandes ofertas para comprar la marca, pero nos hemos negado”, subraya Rafa Mas.

En este camino, la empresa se ha reforzado con ingenieros industriales, químicos o programadores, porque “una persona sola no puede planificar todo lo que hacemos. Tenemos un gran equipo tanto en las oficinas como en el taller, verdaderos expertos que trasladan a la realidad lo que aparece en los planos, y no es un trabajo fácil”.

Desde su posición, advierte cierta “relajación” en la ciudadanía española, quizá debida a que “esperamos que todo esto acabe pronto”.

“Tratamos con muchas personas y empresarios, pero quizá los extranjeros que acuden a nosotros están más concienciados o piensan más en adaptarse a las circunstancias que impone el virus y con las que quizá tengamos que convivir algún tiempo”, explica.

Asimismo, reprocha a las autoridades sanitarias nacionales la falta de predisposición a investigar o comprobar la validez de ciertos materiales o procesos de desinfección sobre los que su empresa tiene la certeza de que “no son nocivos para las personas” y que podrían aportar ciertas ventajas.

“Si no podemos vender determinadas máquinas en España, lo haremos en el extranjero, es una lástima”, concluye.

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